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Aian


Hace tiempo cuando un guerrero podía transformarse en un dragón, se rodeaba n de agua y hielo una serie de islas que fueron el hogar de una dama de delicadas facciones, que bebía del agua del océano endulzando las corrientes del mismo, más ingenua era ella, pues su vista se nublaba con el primer caballero apuesto que ella veía, pero parte de ella misma se había quedado dormida dentro de ella.

Cuando el tiempo fue viciando a los hombres, algunos viajeros llegaron a estrellarse contra estas islas, la dama entonces se enamoro de uno de ello, un joven de cabello cobrizo que en el instante en que despertó trato de salvar a algunos compañeros de sus heridas, cuando ella se acerco a él, quedo asustada, el conocía sonidos que para ella eran desconocidos. Y la primera palabra que le aprendió fue Eianel.

Eianel era el nombre del joven, y su amor no floreció como una rosa, sino que fue un crecimiento constante como el de un enorme roble que crece creando un manglar con sus raíces, pero un día, como era de esperarse Eianel murió, y dejo en las manos de su amada un escapulario, con unas palabras muy marcadas en el, aquellas palabras que resuenan el los oídos de los amantes y que no hace falta repetirlas.


Cuando al tristeza se apodero de la dama, ella lloro acrecentando el nivel del océano y su llanto desgarro el alma de las criaturas más delicadas que estaban cerca, y un enorme animal se transformo divinizado por las lagrimas de la doncella, el animal se desconoce, pero el hombre que quedo de su transformación, era alto y de piel canela, con el cabello crespo y negro y vestía
una piel roja, y en su cintura traía lo que alguna vez fue su cola, como una espada curvada, y se prestó al servicio de la dama para ser su hombro para llorar; y el animal-hombre conocía el don de la palabra y pronuncio su nombre a su creadora, su nombre, era Aian.

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